Qué ver en Bolonia en 3 días: ruta con excursiones a Rávena y Florencia
Bolonia es una de esas ciudades italianas que quizá no entran siempre en el primer viaje a Italia pero que sorprenden mucho más de lo esperado. No tiene la fama de Roma, Venecia o Florencia pero precisamente ahí está parte de su encanto: es una ciudad auténtica, cómoda, con muchísima vida local y una gastronomía que ya justificaría el viaje por sí sola.
Además, Bolonia tiene una ventaja enorme: está muy bien conectada en tren. Esto la convierte en una base perfecta para una escapada de fin de semana en la que combinar ciudad, historia, arte y buena comida sin tener que cambiar de alojamiento cada día.
En esta ruta de 3 días por Bolonia te propongo una escapada realista: llegada el viernes por la tarde a Bolonia, excursión a Rávena el sábado, excursión a Florencia el domingo y vuelta a Barcelona por la noche. Una ruta corta, intensa y muy completa para descubrir una parte preciosa del norte de Italia.
Día 1: llegada y primer contacto con Bolonia
Llegar a Bolonia un viernes por la tarde es una muy buena forma de empezar el viaje. La ciudad tiene ambiente pero no resulta agobiante. Después de dejar el equipaje en Phi Hotel Bologna, lo mejor es salir directamente a caminar por el centro histórico y dejarse llevar un poco.
A tener en cuenta:
El primer lugar al que merece la pena acercarse es la Piazza Maggiore, el corazón de Bolonia. Es una plaza amplia, elegante y rodeada de edificios históricos que transmite muy bien el carácter de la ciudad.
Junto a la plaza se encuentra la Basílica de San Petronio, uno de los edificios más importantes de Bolonia. Su fachada inacabada, con esa mezcla tan particular de mármol y ladrillo, le da una personalidad muy distinta a otras iglesias italianas.
Muy cerca aparece uno de los símbolos más fotografiados de la ciudad: la Fuente de Neptuno. La estatua domina la plaza con fuerza y funciona casi como punto de encuentro natural. Es uno de esos rincones que, aunque se visitan rápido, ayudan a construir la imagen mental que uno se lleva de Bolonia.
Desde allí, el paseo puede continuar hacia las Dos Torres, la Torre degli Asinelli y la Torre Garisenda. Verlas aparecer entre las calles estrechas del centro impresiona bastante porque rompen totalmente con la escala de la ciudad. Son el gran recuerdo de la Bolonia medieval, cuando las torres formaban parte del paisaje urbano.
Pero si hay algo que realmente define Bolonia son sus pórticos. Están por todas partes. Caminas bajo ellos casi sin darte cuenta, protegido del sol o de la lluvia, mientras vas enlazando calles, plazas y fachadas rojizas. Los pórticos no son solo un elemento arquitectónico: son parte de la experiencia de visitar Bolonia.
La tarde puede terminar paseando sin rumbo por el centro histórico, disfrutando de esa mezcla entre ciudad universitaria, ambiente local y elegancia italiana. Y, por supuesto, cenando bien. Porque en Bolonia comer no es un extra del viaje, es una parte fundamental.
Día 2: excursión a Rávena desde Bolonia
El segundo día está dedicado a una de las grandes sorpresas de esta ruta: Rávena. Puede que no tenga la fama de otras ciudades italianas, pero su patrimonio artístico es impresionante. Es una ciudad tranquila, cómoda de recorrer y perfecta para una excursión en tren desde Bolonia.
Rávena desde Bolonia:
El trayecto entre Bolonia y Rávena dura aproximadamente una hora y cuarto. Además, después del ambiente más animado de Bolonia, Rávena ofrece un cambio de ritmo muy agradable.
Rávena no impacta por grandes avenidas ni por monumentos gigantescos. Su belleza está más escondida. Está en el interior de sus iglesias, en sus mosaicos bizantinos, en sus colores dorados y en esa sensación de estar descubriendo una ciudad con muchísima historia, pero sin las multitudes de otros destinos italianos.
Una de las visitas más importantes es la Basílica de San Vital, uno de los grandes tesoros de la ciudad. Desde fuera puede parecer sobria pero el interior cambia por completo la percepción. Sus mosaicos son una auténtica maravilla, llenos de detalles, figuras solemnes y tonos que los hacen relucir aún más.
Muy cerca se encuentra el Mausoleo de Gala Placidia, pequeño e íntimo, pero absolutamente especial. Su exterior discreto no prepara para lo que hay dentro. El techo estrellado y la atmósfera recogida lo convierten en uno de los lugares más memorables de Rávena.
Otra parada imprescindible es la Basílica de Sant’Apollinare Nuovo, donde los mosaicos se extienden por las paredes como si fueran una narración visual. Es uno de esos espacios donde conviene caminar despacio, mirar los detalles y dejar que el lugar hable por sí mismo.
También merece la pena visitar el Battistero Neoniano, uno de los monumentos paleocristianos más destacados de la ciudad. Su cúpula decorada con mosaicos conserva una belleza muy especial y ayuda a entender por qué Rávena es tan importante dentro del patrimonio italiano.
Antes de terminar la visita, la Tumba de Dante Alighieri añade un punto histórico y literario muy interesante. Dante pasó sus últimos años en Rávena y su tumba es una parada breve pero con mucho significado.
Después, lo mejor es cerrar el día paseando por la Piazza del Popolo y las calles del centro histórico. Rávena no es una ciudad para correr, es para bajar el ritmo y valorar esos lugares que quizá no esperabas que te sorprendieran tanto.
Por la tarde, vuelta en tren a Bolonia y última noche en la ciudad. Un buen momento para repetir ese paseo bajo los pórticos, cenar pasta fresca y confirmar que Bolonia funciona muy bien como base para este tipo de escapadas.
Día 3: excursión a Florencia desde Bolonia y regreso
El último día está reservado para una de las ciudades más impresionantes de Italia: Florencia. Hacer una excursión a Florencia desde Bolonia es muy cómodo gracias al tren rápido, que conecta ambas ciudades en unos 40 minutos aproximadamente.
Florencia en un día:
Eso sí, al ser el día de vuelta a Barcelona, conviene organizarse bien. Lo ideal es salir pronto desde Bolonia, llevar los billetes de tren controlados y dejar margen suficiente para regresar, recoger el equipaje y llegar al aeropuerto sin prisas.
Florencia es otro nivel de intensidad. Más turística, más monumental y también más impactante desde el primer momento. Al caminar desde la estación hacia el centro, la ciudad va ganando fuerza poco a poco hasta que aparece la Catedral de Santa Maria del Fiore.
El Duomo de Florencia impresiona aunque lo hayas visto muchas veces en fotos. Su fachada de mármol blanco, verde y rosado, la enorme cúpula de Brunelleschi y el Campanile de Giotto forman uno de los conjuntos arquitectónicos más espectaculares de Italia. Es uno de esos lugares donde apetece quedarse un rato simplemente mirando.
La Piazza del Duomo suele estar llena de gente pero forma parte de la experiencia. Florencia es una ciudad muy visitada y hay que asumirlo desde el principio. Aun así, el conjunto monumental es tan potente que merece mucho la pena detenerse y observar cada detalle.
Desde allí, la ruta puede continuar hacia la Piazza della Signoria, una de las plazas más importantes de Florencia. Es casi un museo al aire libre, con el Palazzo Vecchio, esculturas monumentales y una atmósfera que recuerda el enorme peso político y artístico que tuvo la ciudad durante siglos.
Muy cerca se encuentra la Galería Uffizi. Aunque no se entre por dentro en una escapada corta, su entorno ya forma parte del recorrido imprescindible. El paseo junto al edificio y la cercanía al río Arno llevan de forma natural hacia uno de los grandes iconos de la ciudad: el Ponte Vecchio.
El Ponte Vecchio es una visita obligatoria. Sus tiendas históricas, su estructura tan particular y las vistas sobre el río lo convierten en una de las imágenes más reconocibles de Florencia. Aunque suele haber bastante gente, sigue teniendo un encanto especial.
También merece la pena acercarse a la Basílica de Santa Croce, uno de los templos más importantes de la ciudad. Su fachada y la plaza que la rodea forman una zona muy agradable para hacer una pausa y seguir descubriendo otra cara del centro histórico.
Más allá de los monumentos, Florencia se disfruta caminando. Sus calles, plazas, fachadas históricas y perspectivas inesperadas del Duomo hacen que el centro histórico sea una visita en sí mismo. Aunque un día se queda corto, permite llevarse una primera impresión muy potente de la ciudad.
Después de comer o tomar algo con calma, toca volver a Bolonia en tren, recoger el equipaje y poner rumbo al aeropuerto para regresar a Barcelona. Es un día intenso, pero muy bien aprovechado.
Consejos prácticos para una ruta de 3 días por Bolonia, Rávena y Florencia
Presupuesto aproximado para una ruta de 3 días por Bolonia, Rávena y Florencia
El presupuesto dependerá mucho de los vuelos, el alojamiento y la antelación con la que compres los trenes, pero como referencia, esta escapada puede moverse en una horquilla bastante razonable.
Los vuelos desde Barcelona a Bolonia pueden encontrarse a buen precio si se reservan con tiempo. Para dos noches de alojamiento en Bolonia, el coste dependerá mucho de la zona y la temporada (suele ser uno de los mayores gastos del viaje).
En cuanto a trenes, Rávena suele ser una excursión más económica, mientras que Florencia puede subir algo más si se elige tren rápido y se compra a última hora. Aun así, la comodidad de los trayectos compensa mucho.
Para comidas, calcula un presupuesto medio de entre 30 y 50 euros al día por persona si combinas cafés, comidas sencillas y alguna cena más completa. A esto habría que sumar posibles entradas a monumentos, especialmente en Rávena si visitas varios espacios con mosaicos.
Como estimación general, una escapada de este tipo podría situarse aproximadamente entre 300 y 550 euros por persona, dependiendo del vuelo, alojamiento, trenes y restaurantes elegidos. Te dejo mi experiencia aquí.
Una escapada muy completa por el norte de Italia
Esta ruta por Emilia-Romaña con base en Bolonia es una escapada muy recomendable si buscas algo más que el típico viaje a Italia. En solo tres días combina tres ciudades muy diferentes: Bolonia (con sus pórticos, su ambiente local y su gastronomía), Rávena (con sus mosaicos bizantinos y su ritmo tranquilo) y Florencia (con toda la fuerza artística del Renacimiento).
Lo mejor de este viaje es que no hace falta complicarse demasiado. Llegas a Bolonia, duermes allí las dos noches y te mueves en tren a dos ciudades que ofrecen experiencias completamente distintas. Es una ruta cómoda, variada y perfecta para un fin de semana largo desde Barcelona.



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