Taverna Hadjidragana en Sofía: un nombre difícil y una cena para recordar

Contenido elaborado a partir de nuestra visita a Bulgaria en 2025 · Actualizado en octubre de 2026

Hay restaurantes que recomiendas de memoria y otros para los que conviene llevar el nombre escrito. Taverna Hadjidragana, en Sofía, pertenece al segundo grupo. Lo de pronunciarlo podemos seguir practicándolo, lo de comer bien allí ya lo comprobamos.

Nos lo recomendó un guía y, después de echar un vistazo a las buenas valoraciones en Google Maps, decidimos probarlo durante nuestra ruta de 7 días desde Sofía. Fuimos sin reserva y a primera hora de la cena, a las siete y media.

La recomendación nos llevó hasta la puerta. El ambiente y lo que llegó a la mesa hicieron el resto.

Una taberna donde cuesta dejar de mirar alrededor

Nos gustó enseguida esa apariencia de taberna antigua, muy ambientada en la tradición búlgara. Madera, tejidos rojos con dibujos, arcos decorados y cazuelas colgando, había detalles por todas partes.

Era uno de esos sitios donde, mientras esperas la comida, tienes bastante que mirar. Además de la decoración, estaban los platos que salían hacia otras mesas, todos con muy buena pinta. Una carta con fotografías ayuda a elegir, pero ver pasar la cena de los demás también tiene su eficacia.

Durante nuestra visita no vimos música en directo. El recuerdo que nos llevamos fue el de una cena en un local con mucho carácter, donde tanto la presentación de los platos como el entorno encajaban con lo que nos apetecía probar en Sofía.

Lo que pedimos: comida búlgara y un pan que se hizo esperar

Para empezar compartimos kyopoolu, una preparación de berenjena, pimientos asados, tomate y ajo, servida sobre una tabla de madera.

Marta pidió pollo a la brasa con patatas y ensalada de col y zanahoria. Yo elegí la klopanitsa, un plato de cerdo con especias, ajo, salsa de limón y setas, que llegó en una cazuela metálica con una cuchara de madera. Entre el nombre del restaurante y el de mi plato, aquella cena también daba para una pequeña prueba de memoria.

Pedimos además pan de ajo, una parlenka, y aquí estuvo el único pequeño desajuste del servicio: tardó en llegar. Eso sí, cuando apareció estaba recién hecho y buenísimo. Se había hecho esperar, pero traía una defensa bastante convincente.

El trato fue atento y servicial. La espera del pan es un detalle que mencionaríamos, aunque no cambió la buena impresión de la cena.

Para terminar compartimos banitsa de queso con yogur, presentada en porciones y espolvoreada con azúcar. Otro nombre para añadir a la lista, aunque a esas alturas ya nos preocupaba más encontrarle sitio que aprender a pronunciarlo.

Cuánto nos costó y qué nos pareció

En la cuenta de aquella cena aparecen 89,50 levas: aproximadamente 45,76 € entre los dos, unos 22,88 € por persona. Incluía el entrante, los dos principales, el pan, el postre y las bebidas.

Por lo que comimos y por el conjunto de la experiencia, nos parece un importe razonable. Es una referencia de nuestra visita, no un precio actual ni un presupuesto cerrado para quien vaya después.

Lo que más nos gustó fue que el restaurante tenía personalidad y la comida acompañaba. La decoración despertaba la curiosidad, pero el pan recién hecho, los platos y el trato daban motivos para quedarse con un buen recuerdo de la cena.

Nuestra experiencia:

Nos gustó mucho por la comida y por su ambiente de taberna tradicional búlgara. El trato fue atento y el precio de nuestra cena nos parece razonable. El pan de ajo tardó, pero llegó recién hecho y fue uno de los detalles que mejor recordamos. Un restaurante que llevaríamos apuntado para una visita a Sofía.

Lo recomendaríamos por la comida, el ambiente y lo a gusto que estuvimos. El nombre se nos resiste un poco más, pero para eso guardamos la ubicación. Hay cenas que merece la pena saber repetir, aunque no sepas pronunciarlas.

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